En Colombia parece que solo a punta de muertos logramos hacer visibles las situaciones que diariamente vivimos. Nos hemos vuelto lectores de titulares y narradores sociales de las tragedias que, en el caso que queremos comentar, afectan nuestra niñez. Y los pediatras, inmersos en las tareas de nuestro día a día... ¿en donde estamos?
La OMS enfoca el entorno del niño como causa vinculada a enfermedades por las que mueren millones de niños y niñas. En el mundo en desarrollo, cada año pierden la vida más de cinco millones de ellos, entre 0 y 14 años, a causa de enfermedades o situaciones relacionadas con el lugar donde juegan, trabajan y viven.
Esto es evidente cuando se trata de niños ahogados en piscinas sin protección, son aplastados por el techo desvencijado de una escuela pública, o son sepultados por un alud en su miserable casa o en una mina donde excavan con sus padres en busca del sustento de la familia.
Desde luego, la vulnerabilidad de los niños multiplica la posibilidad de riesgo, pero la pobreza y las condiciones de vida que los exponen a condiciones inadmisibles inciden dramáticamente sobre esta situación.
Lamentablemente en Colombia nos conmovemos momentáneamente ante la tragedia vinculada a la muerte de un niño o niña, pero desbordados por las noticias sobre su diaria lucha por sobrevivir o la desdicha que significa su vida, rápidamente la enterramos sobrecogidos por la muerte del día siguiente.
Cabría preguntarse cuántas de estas causas tienen su origen en la naturaleza, y cuántas asociadas a la desidia humana y la indiferencia de la comunidad. Nuestra responsabilidad, como adultos, y desde luego como pediatras, está vinculada al hecho de que todas estas patologías se pueden prevenir.
Desde luego que la Sociedad Colombiana de Pediatría debe hacerse este cuestionamiento, pero más allá de esto, cada uno como médico, pediatra y componente excepcional de la sociedad civil, debe preguntarse que está haciendo en su práctica para que esto no sea asi.
Aparecer como defensores de los derechos de la niñez y de las causas que agobian a nuestros niños, niñas y adolescentes, significa muchas veces solo un esfuerzo descriptivo y en el mayor de los casos editorial. Pero, procurar que en nuestro diario trabajo, en el consultorio, en el hospital, sea cual sea el nivel de atención o de complejidad en el que nos movemos, esto deje de ser retórica y pasemos a acciones prácticas y concretas, lamentablemente no es una realidad.
Se percibe día a día por nuestros pacientes el deterioro de una práctica profesional que cada día tiene más conocimientos, más acceso a la información, más datos estadísticos, que sustentan las investigaciones, pero menos consciencia y tiempo para dedicarle a una labor eje del desarrollo humano.
La Sociedad Colombiana de Pediatría en el marco que establece su responsabilidad social y con la comunidad, ofrece un espacio para construir este enfoque de nuestra especialidad y renueva su compromiso para hacer el tránsito debido de la retórica a la práctica. Ese debe ser nuestro compromiso corporativo e individual.
En ese orden de ideas, es importante resaltar la labor que se desprende de la tragedia vivida por una colega en Neiva, que luego del fallecimiento de su hijo Santiago por ahogamiento en una piscina, ha hecho del dolor una causa que con el acompañamiento de la Sociedad Colombiana de Pediatría, hoy está en camino de lograr una Ley para el uso de piscinas en Colombia, que invitamos a acompañar visitando la página www.fundacionsantirivera.org
Hernando A. Villamizar Gómez
Presidente SCP