Carmen Escallón Góngora Pediatra Terapeuta de familia Docente de la Universidad de Cartagena
Uno de los pilares más importantes en la crianza de los niños es el sistema de autoridad. La forma en como esta se construya desde los primeros momentos de la vida del niño influirá en el curso que tendrá la adolescencia del mismo.
La autoridad está anclada sólidamente en una plataforma de respeto, justicia y equidad. Un buen sistema de autoridad es una fortaleza en la adolescencia, ya que por medio de esta los padres se convierten en modelos positivos de comportamiento para sus hijos.
El adolescente necesita un sistema genuino y digno de autoridad. Para ello, no se requiere del uso de prácticas de dominación y poder por parte de los padres, ni de métodos permisivos y sobreprotectores. La autoridad es necesaria, y, por supuesto, las normas son igualmente necesarias y determinantes para ayudarle a crecer, así el adolescente las cuestione todo el tiempo.
Es necesario entonces distinguir la autoridad del poder:
La autoridad no impone, la autoridad invita, se basa en el respeto mutuo. La autoridad establece criterios y llama a la reflexión a todos los que la usan. Es dinámica. Se mueve según las situaciones, es consistente y positiva. La autoridad es ganada por los padres a partir de la admiración y nunca resulta del miedo que se imponga. Tiene en cuenta las necesidades de los niños, los adolescentes, y las de los padres.
El poder, por su parte, domina, impone, somete. No tiene en cuenta los criterios, sino la norma rígida. No tiene presente las necesidades de los niños y los adolescentes, sino las de los padres. Se fundamenta en el miedo y en el uso de una fuerza, sea física, moral o sexual.
Disciplina y Normas
La finalidad de la norma es que esta se incorpore en el modo de ser de cada niño y adolescente, simultáneamente con el desarrollo de su autonomía. Es más fácil evitar que un comportamiento indeseable empiece, que ponerle fin posteriormente. La disciplina se basa fundamentalmente en permitir que niños y adolescentes desarrollen sus mecanismos de autocontrol.
Es necesario que en la crianza la disciplina se vea como enseñanza y no como castigo. Aprender a seguir las reglas mantiene al niño y al adolescente seguros y les ayuda a mirar la diferencia entre lo que es correcto o incorrecto.
El adolescente trata todo el tiempo de experimentar y rebelarse; no obstante, la mayoría de ellos pasa por este período y llega a ser un adulto responsable, especialmente si desde temprana edad recibieron un buen entrenamiento en el autocontrol.
Un error muy común de los padres es tratar a sus hijos adolescentes como niños cuando se trata del ejercicio de la libertad, y como hombres cuando se les exige responsabilidad.
Muchos adolescentes desafían la autoridad de los padres, sobre todo en lo que tiene que ver con los permisos para permanecer fuera de casa. Por tal razón, los padres deben evaluar cada caso, ya que no existen reglas universales. Cada familia espera un comportamiento diferente de sus hijos adolescentes.
Los padres deben pedir cosas razonable y coherentes con su edad y condición: un ejemplo de una petición irrazonable es el de la madre que le impide a su hijo de 17 años salir solo y que pese a los alegatos del chico se mantiene inamovible ante esto.
Cuando un adolescente incumple reiterativamente una norma, tanto los padres como el chico deben reflexionar acerca de la norma misma: es posible que haya que hacer ajustes.
Educar sin agredir - Reglas firmes, pero con corazón
Las siguientes son recomendaciones a los padres sobre el ejercicio sano de la autoridad para disciplinar a los adolescentes:
Establezcan un adecuado sistema de comunicación con su hijo adolescente.
Discutan las normas con su hijo adolescente.
Ante el incumplimiento de una norma, sancionen en privado al chico con la sanción acordada previamente.
Ante el incumplimiento repetido de una norma, reflexionen acerca de la norma misma y de su pertinencia.
No lastimen a su hijo adolescente, no lo ridiculicen, y no lo comparen.
Sean flexibles y humanos con su hijo adolescente.
Sean consistentes en la disciplina con sus hijos.
Nunca quiten una sanción o medida disciplinaria.
Cuando se equivoquen pidan disculpas a sus hijos.
Sean modelos de comportamiento positivo para sus hijos.
(Extracto tomado del artículo de la Revista Crianza y Salud, Año 3 numero 4.)