Reflexiones acerca de los "errores médicos"
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Recientemente el periódico EL TIEMPO publicó, con gran despliegue, una nota sobre el creciente números de “errores médicos” en el país, recalificados posteriormente como “eventos adversos”. En el desarrollo de la noticia, el tema se visualiza desde distintos ángulos. Unos magnifican el problema, otros lo minimizan y en aras del equilibrio, se ofrecen distintos puntos de vista en su origen, consecuencias y responsabilidad. Sin embargo, al final, seguramente quedará reducida a una noticia más, en el marco de las difíciles circunstancias de nuestra compleja realidad diaria.

Más allá de esta superficial aproximación, consideramos que es un tema que se debe abordar en toda su dimensión, estableciendo sus causas y, desde luego, responsabilidades. De hecho, se han ocupado del tema la mayoría de organizaciones sanitarias y académicas del mundo, y nutre una buena parte de los contenidos de revisiones científicas en la literatura médica actual. Independientemente de esto, creemos que es una de nuestras grandes responsabilidades médicas, éticas, institucionales y, también, individuales.

Creemos que el que el asunto salga a los medios, no debe ser visto como circunstancial. El tema es trascendental.

Sin duda, la mala calidad en la atención en salud, que aparentemente reconocemos todos, es reflejo de los graves problemas estructurales del sector. No es un asunto ni es culpa de los médicos, es consecuencia del actual sistema de salud de los colombianos. La normativa que establece el Sistema de Garantía de Calidad en Salud, en buena parte, no pasa de ser letra muerta.

No es cierto, como dice el Ministro de la Protección Social, que “Colombia, es un país que ha desarrollado de manera seria y sistemática una estrategia de seguridad del paciente….”. En qué país vive el Sr. Ministro?. Que uno de cada cinco pacientes esté siendo “leve o gravemente” mal atendido, no es solo un simple problema médico. Mucho menos responsabilidad del médico, ni alimento de las “crónicas rojas” con las que ganan audiencia los medios. Es un grave problema y una evidente falla del sistema.

Es claro para muchos que, en buena parte, el sistema está en manos de mercaderes de la salud, incluso de “verdaderas mafias”, como hace poco lo calificó la columnista Natalia Springer , también en EL TIEMPO. Y que un buen número de médicos está sufriendo las presiones de ese sistema.

Leer sin mayor detenimiento el informe de la Defensoría del Pueblo, alrededor de la presión que ejercen las empresas de salud sobre la autonomía del médico y en general del trabajador de la salud, es indignante. Mientras que el enfermo espera confiado un diagnóstico y tratamiento acertado para su enfermedad, el médico multiempleado en varias instituciones, está haciendo cuentas para no pasar el tope de fórmulas y exámenes que le han impuesto las EPS y los hospitales.

Ciertamente los médicos estamos sufriendo esas presiones, y nos encontramos en medio de un sistema que está fundamentalmente interesado en objetivos distintos, al de garantizar la mejor calidad en la atención médica. Pero hay que decirlo, existe responsabilidad del médico que acepta esas condiciones y, lamentablemente, se involucra e incluso gestiona buena parte de ese proceso, haciendo parte del “negocio”.

Hace poco establecimos el considerable e incontrolado aumento de llamadas Unidades de Cuidado Intensivo Neonatal y Pediátrico en el país. Cerca de 200. Buena parte de ellas, implementadas con aportes considerables de inversionistas privados, al parecer en búsqueda de exclusivos intereses económicos. Al lado de esto, en un reciente foro en Cali, se llamó la atención sobre el grave problema que constituye el aumento de niños y niñas con ceguera secundaria a Retinopatía de la Prematurez evitable. Lamentablemente, un buen número de estas “unidades de intensivos”, están siendo manejadas o gestionadas por colegas.

La situación es muy grave e involucra distintos aspectos, actores y factores. Nosotros, los médicos, por encima de cualquier persona u organización, tenemos la obligación de hacerla evidente, establecer sus causas y denunciarla. Esto también hace parte de de nuestra corresponsabilidad con el país y con nuestros pacientes. No hacerlo sería un imperdonable “error médico”

Hernando A. Villamizar Gómez
Presidente SCP

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